martes, 23 de enero de 2018

Filmoteca Clásica... "Casablanca" (1942) Michael Curtiz


Pocos títulos han alcanzado la estatura mítica de "Casablanca". Sus inmortales imágenes, sus célebres diálogos y la belleza de su leitmotiv emocional, la canción "As time goes by" (El tiempo pasará), forman parte de la cultura sentimental del siglo XX. Tanto es así que son conocidas incluso por aquellos que jamás han visto la película. Y sin embargo como ocurre con tantas obras maestras fue un rodaje tormentoso, con un resultado fruto casi de la casualidad. Para empezar ni Ingrid Bergmand ni Humphrey Bogart fueron las primeras elecciones para los personajes de Ilsa y Rick, aunque la química de la pareja sea hoy día una de las principales bazas de la película y no se conciba la historia sin ellos. Inicialmente la Warner la concibió como un vehículo romántico para la glamourosa Hedy Lamarr y el anodino Ronald Reagan, sin duda alguna el cambio de la pareja protagonista fue determinante, beneficiando enormemente al acabado del filme y su posterior repercusión. Tanto Bogart como Bergmand se convierten en el paradigma de los amantes condenados a no tener un final feliz, inmortalizando la estatura mítica de su amor. Pero ni siquiera este desenlace estuvo claro hasta el final. Es sabido que Ingrid Bergmand se pasó la película preguntándole a su director, Michael Curtiz, de quién debía mostrarse enamorada, si de su esposo en la ficción Paul Henreid o del cínico pero irresistible Boggie. El guión se iba reescribiendo durante el rodaje y en ocasiones los actores no tenían apenas tiempo para ensayar sus escenas, este hecho aportó aún mayor autenticidad a la interpretación de Ingrid, a la inseguridad emocional que transmite durante toda la película, debatiéndose entre su pasión por Bogard y la lealtad hacia su esposo.




El argumento se centra en la búsqueda y lucha por obtener unos pasaportes con los que escapar de Casablanca rumbo a EEUU que Bogard tiene en su poder, en medio del caos de la segunda guerra mundial en una ciudad aparentemente neutral pero vendida a los alemanes. Bogard debe elegir entre quedarse con los documentos y usarlos para retener egoistamente a Ilsa a su lado o permitir que escape de las garras de los nazis con su esposo, líder de la resistencia huido de un campo de concentración alemán. Sin embargo, la historia de amor de Ilsa y Rick es tan potente que el resto de la historia pasa a un segundo plano, incluida la guerra, sólo nos interesa saber cual será el destino de los amantes, interrumpido cuando ella abandonó París de forma misteriosa dejando a Rick desolado.



Ni los actores, ni el equipo técnico se imaginaron que estaban dando vida a uno de los títulos más emblemáticos de la historia del cine. Todos pensaban que iba a pasar con más pena que gloria. Ingrid Bergmand estaba deseando terminar para incorporarse al rodaje de "¿Por quién doblan las campanas?" (1943) que suponía iba a ser uno de los hitos de su carrera, estaba encantada con su personaje de guerrillera española en lucha contra el fascismo que le ofrecía la adaptación de la novela de Hemingway, sin embargo aquella película no aportó gran cosa a su filmografía, sería el culto que obtendría a lo largo de los años el filme de Curtiz quién haría que la actriz ganase la inmortalidad, convirtiéndose en foto fija de la historia del cine y portada del Hollywood clásico. Para Bogart que había alcanzado un estrellado tardío tras largos años de papeles secundarios en la pantalla, fue la película que le consagró y en la que terminó de encontrar su personalidad como estrella, el rol del tipo duro de vuelta de todo, desconfiado y hecho a base de cinismo, pero con buen corazón al fin y al cabo. Una de las citas geniales de la película la da su personaje cuando el Mayor Strasser intenta tantear su ideología política preguntándole cual es su nacionalidad, a lo que Bogart contesta "borracho". El filme está plagado de frases célebres que son un almanaque del cine romántico... "los alemanes iban vestidos de gris y tú de azul", "de todos los cafés del mundo tenía que aparecer en el mío", "tócala Sam, toca el tiempo pasará", "siempre nos quedará París" o la que cierra la película "intuyo que esto es el comienzo de una gran amistad"... Son frases que han calado tan hondo que son utilizadas como muletillas por la cultura popular.



El resto del elenco pertenece a lo mejor de la escudería Warner. Claude Rains como el ambiguo jefe de policía francés, pendiente siempre de sacar provecho de cualquier situación con muy pocos escrúpulos y cuyo papel será determinante en el desenlace de la historia. Paul Henreid como el sufrido esposo de Ilsa, antítesis de Rick, héroe de guerra y representante de la libertad frente a la tiranía nazi. Peter Lorre como el siniestro contrabandista, otro personaje oscuro que se mueve en el un mundo donde el miedo y el instinto de supervivencia cobra un protagonismo esencial en la vida de los personajes. O el fabuloso Conrad Veit uno de los mejores malos de la pantalla, como el odioso Mayor Streasser destinado a morir dejando un final abierto a la esperanza y el triunfo aliado.



La fotografía del filme es sencillamente maravillosa, consiguiendo crear una atmósfera mágica, casi irreal en algunas escenas, dando al blanco y negro una entidad propia que lo sitúa como un personaje más de la trama, apuntalando los sentimientos, desarrollando el mundo interno de los protagonistas. La cuidada iluminación de Bergman es de escuela de cine, no solo la muestra más bella que nunca, hace que aparezca llena de brillo interior realzando el carácter romántico de su personaje, sin duda la actriz aprovecha esta circunstancia como un recurso más sublimando su interpretación. La dirección de Curtiz, magnífica, nos atrapa con un montaje tan bien conseguido que en ningún momento hace sospechar las dificultades creativas por las que pasó el filme durante su gestación. Y no podemos olvidar el tema inmortal del filme, "El tiempo pasará", una magnífica canción que se ha convertido en banda sonora del cine en si mismo, versionada por multitud de primeras figuras de la canción, encontró en la voz de Dooley Wilson su intérprete ideal. Como anécdota comentar que el músico no sabía tocar el piano y tan solo simulaba hacerlo durante las escenas.



"Casablanca" obtuvo un importante éxito en su momento, logrando nada menos que 8 candidaturas a los Oscars de 1943, de los cuales consiguió los relativos a la mejor película, mejor director y mejor guión, en una época en la que el palmares estaba copado de obras maestras año tras año. Sin embargo no sería hasta los años 70, al ser revisado en cine clubs y televisión, cuando empezaría a ser reivindicado como la obra maestra que es, obteniendo el crédito del que goza en la actualidad. Es difícil hablar de ella sin decir algo que ya esté dicho o escrito, es como "Lo que el viento se llevó" (1939) el clásico entre los clásicos, tanto es así que suele aparecer de forma invariable en todas las listas que recogen los mejores títulos de la historia del cine y sus obras más influyentes. Una película absolutamente inolvidable, que lleva hechizando décadas, demostrando que sin duda para ella "el tiempo no pasará..."




miércoles, 17 de enero de 2018

Mis estrellas favoritas... Ingrid Bergmand



Ingrid Bergmand irrumpió en el cine de Hollywood desde su Suecia natal como un descubrimiento formidable. En al reino del artificio, lejos del divismo y superficialidad de sus estrellas, ella era la espontaneidad, la belleza natural, la presencia incontaminada. Es bien sabido que se negó en rotundo a la que la implacable maquinaria de los Estudios la transformase en alguien diferente a sí misma, convirtiéndose en un espécimen único, en las antípodas de su compatriota "La Divina" Garbo. Como ésta causo sensación y el público de todo el mundo la adoró desde el primer momento. 



Debutó en EEUU con el melodrama romántico "Intermezzo" (1939) que no era sino un remake del filme sueco del mismo título que la dio a conocer fuera de su país, desde entonces inició una imparable carrera convirtiéndose en poco tiempo en una de las favoritas de público e industria, en lo que fue la era dorada del Hollywood clásico, beneficiándose de los mejores profesionales y materiales que la industria podía proporcionar en aquellos años. Sin embargo sus dos grandes éxitos, los que la convirtieron en una rutilante estrella, llegaron a sus manos por casualidad ya que tanto "Casablanca" (1943) como "Luz que agoniza" (1944) fueron pensados para la bellísima y sofisticada Hedy Lamarr quien los rechazó haciendo la fortuna de Ingrid. El primer título es en gran parte el responsable de su leyenda, dada la estatura mítica que el filme ha adquirido con los años, en cuando a "Luz que agoniza", dirigida por George Cukor, con su soberbia interpretación de esposa amenazada por un Charles Boyer que quiere volverla loca, ganaría un primer Oscar como mejor actriz aclamado por todos. 


Fue la guerrillera María que lucha junto al miliciano Gary Cooper durante la guerra civil española en la adaptación de la novela de Hemingway "¿Por quién doblan las campanas?" (1943) y la monjita caritativa que acompaña al sacerdote cantarín Bing Crosby en el éxito "Las campañas de Santa María" (1945), pero sería el genio de Hitchcock quién le arrancaría  nuevos registros y un erotismo distante y apasionado, del que tanto gustaba el mago del suspense, impulsando su carrera en dos títulos imprescindibles de su filmografía, "Encadenados" (1946) junto a Cary Grant y "Recuerda" (1945) donde se enamoraba de un amnésico doctor con el rostro de Gregory Peck. En este punto Ingrid era sin duda una de las actrices más veneradas de su tiempo, con la industria y el público a sus pies. Sin embargo la mala elección de sus siguientes vehículos dieron un vuelco a su carrera. Ni su papel de prostituta junto a Boyer y Charles Laughton en "Arco de triunfo" (1948), ni el tedioso misticismo de "Juana de Arco" (1948) convencieron a nadie. Una tercera colaboración con Hitchcock en uno de sus títulos menos conocidos,"Atormentada" (1949), no mejoró las cosas haciendo que su potencial en taquilla disminuyese de forma alarmante. La situación se complicó aún más cuando abandono América y a su marido e hija para ponerse a las órdenes de Roberto Rossellini en "Stromboli" (1950), iniciando además una sonada relación con el realizador italiano que sería piedra de escándalo en la época. 


Se dice que Ingrid quedó absolutamente prendada del talento de Rossellini tras visionar "Roma, ciudad abierta" (1945) y escribió al director una famosa carta poniéndose a su entera disposición, manifestando un ferviente deseo de trabajar a sus órdenes. Tras conocerse la admiración por el genio se hizo extensiva al hombre y abandonó su matrimonio y su fructífera carrera para instalarse en Italia junto a su nuevo amor, con quién terminaría por contraer matrimonio tras gestar de forma de forma ilegítima al primer hijo de ambos, Roberto, ya que la actriz aún no tenía el divorcio de su anterior esposo. Esta situación desató la ira de las ligas católicas de EEUU que llegaron a pedir su excomunión e incluso fue declarada "persona non grata". Desde ese momento tanto su relación como sus siguientes películas en Europa a las órdenes de su marido la convirtieron prácticamente en una proscrita. Los títulos rodados por Rosselini, "Europa 51" (1952), "Te querré siempre" (1954) o "Juana de Arco en la hoguera" (1954), no tuvieron apenas ninguna repercusión y estuvieron a punto de apagar su estrella, además de colocarla en una difícil situación financiera, acrecentando una crisis matrimonial que acabó en divorcio tras dar a luz a dos hijas más, una de ellas la también actriz Isabella Rosselini, heredera de la belleza luminosa y clásica de su madre.


Tras la separación de Rossellini regresó a Hollywood obteniendo un enorme éxito y el perdón de la industria en forma de un segundo Oscar como mejor actriz por su interpretación de la sufrida "Anastasia" (1957), hija del Zar de todas las Rusias empeñada en demostrar desesperadamente a todo el mundo que había sobrevivido al fusilamiento de su familia por los bolcheviques, aunque no la creía ni su sombra ella al menos se llevaba del brazo a un sexy Yul Brinner como premio de consolación. Gracias al éxito del filme pudo vivir una segunda carrera con algunos títulos importantes como la deliciosa comedia "Indiscreta" (1958), la superproducción "El albergue de la sexta felicidad" (1958) o el delicado melodrama "No me digas adiós" (1961). En adelante se repartiría entre el cine, el teatro y la televisión a partes iguales, consiguiendo algunas interpretaciones memorables como la obra televisiva "Hedda Gabler" o su excelente composición de niñera apocada y religiosa de "Asesinato en el Orient Express" (1974) que le valdría su tercer Oscar, esta vez como mejor secundaria.


"Nina" (1976) junto a Liza Minnelli y "Sonata de Otoño" serían sus últimos títulos para la gran pantalla. En 1975 se le diagnosticó un cáncer de mama que lejos de apocarla, hizo que se volcase en su profesión trabajando sin descanso, dando una vez más cuenta de su temperamento visceral y rebelde. En 1981 inicio el rodaje en Israel de la serie para televisión "Una mujer llamada Golda" (1982) basada en la vida de la primera ministra israelí Golda Meir, por la que obtendría varios premios entre ellos el Globo de Oro a la mejor actriz, pero que supondría todo un reto a su frágil salud, precipitando un triste final el mismo día en que cumplía 67 años. 


Los cinéfilos de todo mundo lloramos desconsoladamente a nuestra "Ilsa", ella se marcho con esa maravillosa sonrisa y ese brillo en los ojos que enamoraron a Humphrey Bogart y al mundo entero en un café americano de Marruecos mientras sonaban las notas inmortales de "El tiempo pasará", sin embargo nadie se olvidó jamás de la etérea, rebelde y maravillosa Ingrid Bergman.


martes, 21 de noviembre de 2017

"Que verde era mi valle" (1941) John Ford



Esta maravillosa película, adaptación de la novela de Richard Llewellyn, encierra toda la sabiduría del maestro Ford y constituye una poética mirada a la Irlanda de sus ancestros a través de una historia magníficamente narrada donde cada secuencia es un retazo de la vida misma servida mediante un soberbio guión y unos personajes tan fuertes como el mundo que les rodea, arquetipos perpetuados a través de la mirada del niño Roddy McDowall , que no es sino el alter ego del propio Ford. Una conmovedora lección de cine de principio a fin, llena de detalles que conforman una obra redonda, sensible y ruda a la vez, llena de un lirismo que emociona y atrapa con su belleza y realismo.




El filme se apoya en el talento de unos actores que encajan en sus personajes como anillo al dedo. Donald Crisp como el patriarca de la familia de mineros, un hombre sencillo y noble que va sufriendo una transformación interna a medida que ve como los ideales en los que había crecido se derrumban, una inolvidable composición que le valió el Oscar al mejor secundario de 1941. Sara Allgod en el papel de la madre, el corazón del hogar como se alude a ella en la película, una mujer recia sostén de todas las alegrías y tristezas de los Morgan, representación de la fortaleza innata de todas las amas de casa del mundo luchando por la unidad y supervivencia familiar, algunas fuentes indican que John Ford se inspiró en el carácter de su propia madre para dar alma al personaje. La inolvidable Maureen O´Hara, actriz fetiche del director en su primera colaboración juntos, en el conmovedor personaje de Angharad, mujer temperamental que destaca en un mundo de hombres con su personalidad rebelde. Walter Pidgeon sobrio y contenido como el comprensivo clérigo de ideas socialistas que suscita la polémica de una sociedad sumida en la moralidad religiosa y el analfabetismo. Y redondeando el excelente reparto un Roddy McDowall de doce años, conductor de la línea emocional de la película en una interpretación tan natural y sensible como pocas veces ha dado un niño en la pantalla. Él es el alma de la película, el narrador que nos introduce con sus recuerdos en el pequeño pueblo Galés, haciéndonos ver la vida con sus ojos. Estas virtudes se hacen extensibles al resto de personajes secundarios, incluso los que tienen menos relevancia, ya que todos aportan un valor añadido en sus respectivos roles realzando el verismo y matizando la historia




En cuanto a la dirección de Ford solo se puede calificar de excepcional, a pesar de que el proyecto fue abordado inicialmente por William Wyler, primera elección de la Fox para realizar la película. Sin embargo Ford hace suya la historia desde el inicio, ofreciendo una obra absolutamente personal que le acredita como un gran maestro a pesar de sus escasos 25 años, no solo en el ámbito del western, donde ya había dirigido títulos imperecederos como "La diligencia" (1939), sino a la hora de abordar diferentes géneros, si bien es cierto que desde esa óptica típicamente masculina del director donde incluso las damas de la función demuestran un carácter tan férreo e inconquistable como sus hombres, e incluso les superan en tenacidad y valor en ocasiones. La fotografía es magnífica, recreando la atmósfera brumosa y fatalista de la obra, lo mismo que aporta un toque realista a los pasajes más cotidianos o mantiene un carácter onírico en las secuencias más evocadoras.




Con tales premisas la película estaba destinada a convertirse en una de las triunfadoras en la entrega de los Oscars de 1941, año en que la competencia era feroz. Se alzó con la estatuilla a la mejor realización del año en competencia con títulos inmortales como "Ciudadano Kane", "La loba", "El sargento York", "El halcón maltés" o "Sospecha", obteniendo además las estatuillas relativas al mejor director (Ford), mejor actor secundario (Donald Crisp), mejor fotografía en B/N (Arthur Miller) y mejor decoración en B/N. Una obra maestra que justifica el amor por el cine de cualquier aficionado, ya que descubre nuevos detalles en cada revisión, sin dejar de sobrecoger al espectador con su humana y universal trama, conectando con sentimientos que todos atesoramos en la memoria vital del recuerdo.





martes, 14 de noviembre de 2017

Filmoteca clásica... "Desayuno con diamantes" (1961) Blake Edwards



Pocas actrices han quedado tan asociadas a un personaje como el de la protagonista de "Desayuno con diamantes" a Audrey Hepburn, sin embargo ella no fue la primera opción para dar vida a la díscola Holly Goligthly. El autor de la novela, Truman Capote, quería una actriz con una personalidad más carnal, decantándose por la explosiva, aunque frágil, sexualidad de Marilyn Monroe. En la novela original Holly es una adolescente bisexual, que ejerce la prostitución y tiene cierta tendencia al consumo de marihuana, Nada de esto se mostró abiertamente. En la película la protagonista es una joven frívola de moral desinhibida y liberal, amante de las juergas, con una marcada tendencia a devorar la vida y a rodearse de peligrosos amigos. Capote acusó directamente a Hepburn de dulcificar el personaje con el fin de no perjudicar su imagen cinematográfica, aunque nada esto importó lo más mínimo. Con su talento y encantadora personalidad Audrey se hizo limpiamente con el papel, enamorando a crítica y público, cualquier otra Holly hoy día resulta impensable. Desde su primera aparición con su silueta dibujándose entre los rascacielos de Manhattan enfundada en un célebre vestido negro de Givenchy, café y bollo en mano frente al escaparate de Tiffany´s se convirtió en icono de modernidad de los años sesenta y en historia del cine.




A su lado George Peppard, el célebre Hannibal de la televisiva "El equipo A", en su papel de escritor que se dedica a prestar sus encantos a adineradas señoras de la alta sociedad neoyorquina como modo de sustento vital, que acaba por enamorarse del temperamento original e indómito de Holly, el único que sabe ver en ella más allá de su máscara alocada, descubriendo una enorme tristeza que le hace vivir en una continua huida hacia adelante por miedo a la soledad. El elegido para este personaje tampoco sería inicialmente Peppard sino Steve McQueen ,otro de los rebeldes de Hollywood, que no pudo hacerse cargo del mismo por haber contraído previamente otros compromisos. Hay que decir que Peppard está fantástico brindando la que sería su interpretación más conocida en la gran pantalla.




Redondeando el resultado la magnífica dirección de Blake Edwards y como guinda la música de Henry Mancini con una canción inmortal, "Moon river", que Audrey interpretaba melancólica y apasionada a la vez. El propio Mancini reconocía que de los cientos de versiones que se habían realizado de esta melodía, obra maestra de la música ligera americana, prefería por encima de todas la de Hepburn, aludiendo que ella canto la letra entendiendo todo el espíritu implícito en la partitura. "Desayuno con diamantes" es pues uno de esos títulos en los que todos los elementos se unen para crear auténtica magia, grabando cada una de sus imágenes en la memoria sentimental del espectador. Una obra que causa placer revisar y atrapa en cada sesión como la primera vez.



viernes, 3 de noviembre de 2017

FILMOTECA CLÁSICA... "LOS TRES MOSQUETEROS" (1949) GEORGE SIDNEY

Esta magnífica cinta prodigio de entretenimiento, se alza como una perla más en la corona del cine de aventuras del Hollywood clásico. Constituye un soberbio espectáculo lleno de esplendor, una producción cuidada al detalle en la que no falta nada de lo que uno espera ver en un filme de estas características. Excelente ambientación, bellísimos interiores, lujoso vestuario y una historia llena de acción y ritmo perfectos, cuya responsabilidad recae en la sabiduría de su director y el talento de su protagonista Gene Kelly, responsable de los duelos a espada que coreografió como si fuesen divertidos ballets, llenos de saltos y desbordante vitalidad, en los que lucir sus magníficas facultades acrobáticas. A pesar de encontrarse fuera de su habitat natural Kelly se rebela como el D´Artagnan perfecto, lleno de ingenuidad, frescura y encanto, ofreciendo una interpretación incontaminada, lejos de divismos, con la ilusión de un principiante a pesar de ser ya una figura consolidada y una estrella musical.




El formidable reparto es sin duda uno de los platos fuertes de la película. Lana Turner nunca estuvo más adecuada que en el papel de la pérfida y bellísima My Lady. Sidney supo sacar un formidable partido a la glamurosa imagen de la estrella, convirtiéndose en uno de los principales atractivos de su personaje, acentuando su temperamento ambicioso y seductor, peligrosa "mantis religiosa" que envuelve a sus víctimas en la peligrosa treta de su despiadada belleza. Vicent Pride da vida al perverso Cardenal Richelieu, un personaje manipulador y lleno de cinismo que es casi el diablo vestido de rojo, casi un anticipo de sus terroríficos papeles en el género fantástico y de terror. En las antípodas, compensando tanta maldad, la candorosa June Allyson presta su rostro pecoso y adorable a una conmovedora Constanza, frágil criatura amenazada en este juego de intrigas palaciegas. El resto de secundarios pertenecen a lo mejor de la escudería Metro en un momento en el que la productora presumía de tener "más estrellas que en el cielo", a juzgar por el talento reunido en esta película nadie pondría en duda tal afirmación. Destaca entre todos ellos un atormentado Van Heflin como el descreído y bebedor Athos, en una interesante composición dramática poco habitual en filmes de aventuras, robando la función a los protagonistas en varias ocasiones, apuntando una dimensión más profunda y adulta al personaje que le cae en suerte interpretar.







La fotografía en Technicolor es excelente y la puesta en escena formidable. El ritmo narrativo con el que George Sidney pone en imágenes la historia da cuenta del formidable talento de un profesional gran conocedor de su oficio y la industria, manejando todos los elementos con destreza en busca de un resultado espectacular, en el que la ambientación es tan protagonista como los actores que dan vida a los inmortales personajes de Dumas. Sin duda alguna esta es la novela más conocida del autor francés y la que más veces ha sido adaptada al cine en sus diferentes variantes, desde la etapa silente hasta la actualidad, con desigual resultado. El título que nos ocupa es sin duda uno de los más brillantes, aunque se conceda algunas licencias sobre el original.





Incomprensiblemente fue olvidado por la Academia en la entrega de los Oscars de aquel año, ni siquiera obtuvo mención en las categorías llamadas "menores" para las que solían ser nominados este tipo de filmes. Una inolvidable película de las que ya no se hacen, producto de las mejores virtudes del "sistema de estudios" que nos convierte de nuevo en niños durante las dos horas de proyección.













miércoles, 12 de julio de 2017

CON ACENTO ESPAÑOL... PAQUITA RICO



Es uno de los rostros más bellos de nuestro cine y una de sus artistas más personales. Fue una folklórica eminentemente cinematográfica, se dio a conocer y triunfo principalmente a través de las películas que interpretó, aunque como todas ellas su temprana vocación le llevó a una incipiente carrera por teatrillos y ferias desde corta edad antes de su irrupción en la pantalla, recalando entre otros en el Ballet del Marqués de Montemar y la compañía de Pepe Pinto, donde debutó con el nombre de “La trianera de Bronce”.


Al igual que su coetánea y amiga Carmen Sevilla buscaba en el medio cinematográfico un trampolín donde lucir su arte y mejorar su estatus económico y al igual que ella se presentó a varias pruebas hasta que Florián Rey la seleccionó para protagonizar una película homenaje al llorado diestro cordobés Manuel Rodríguez Sánchez, “Brindis a Manolete” (1948), desde ese momento no paró de rodar una película tras otra. La cámara la adoraba… Su voz y gracia sevillana hicieron el resto. El director gallego Ramón Torrado sería su auténtico Pygmalion, a sus órdenes rodó seis películas muy populares que la situarían en primera línea del cine folklórico de los años cincuenta y le brindó su primer éxito de masas “Debla, la Virgen Gitana” (1949) con la que se presentó en el festival de Cannes, obteniendo la Copa de Popularidad de aquel certamen. A partir de entonces pasó a formar parte de las filas del productor Cesáreo González, donde junto a sus comadres Lola Flores y Carmen Sevilla propició lo que se vino en llamar “el filón del osú” al ser las figuras del género más populares y con mayor proyección de aquellos años representantes de un tipo de cine donde imperaban los volantes y la pandereta, sentando patria no solo en nuestro país sino también en América Latina, donde el productor gallego se llevó a sus estrellas de gira con una promoción a gran escala que incluía coproducciones con los países de habla hispana, principalmente México y Argentina.
 
 
Al margen de sus películas folklóricas Paquita dejó atisbar un interesante talento dramático en otros títulos de diferentes pretensiones y enfoque como “Luna de sangre” (1950) de Rovira Beleta o “María Morena” (1951) firmada al alimón por José Mª Forqué y Pedro Lazaga, aunque resultasen dos intentos fallidos en su momento y su carrera continuase centrada en el salero y la sal del cine andaluz al uso.
 
En busca de dar un giro a su carrera acepta interpretar el papel de la reina Mª de las Mercedes en aquel éxito memorable que fue “¿Dónde vas Alfonso XII?” (1958) dirigida muy inteligentemente por Luis César Amadori, alcanzando la inmortalidad. El público enloqueció ante aquella recreación romántica de unos amores reales de leyenda y Paquita logró la consagración artística, fijando su imagen a la de aquella reina tan delicada y sensible abocada a un fatal desenlace. Paradójicamente el éxito de la película puso a su estrella junto a las cuerdas, ya que la identificación con el personaje era tal que estuvo casi dos años sin recibir ofertas de trabajo. 
 
Su regreso a las pantallas se produjo bajo una línea diferente, más moderna, en la que intentó resaltar su faceta de actriz por encima de la de cantante en títulos como “Ventolera” (1961), según una comedia de los Álvarez Quintero, “La viudita naviera” (1961) adaptación de una obra de José Mª Pemán o la producción dramática “Historia de una noche” (1963), pero en los años sesenta el tipo de cine que representaba se estaba agotando, dando paso a un modelo diferente en el que Paquita no acabó de encontrar su lugar.


Tras protagonizar junto a Carmen y Lola el polémico “Balcón de la luna” (1962), su presencia en el cine se fue espaciando hasta limitarse a pequeñas colaboraciones, algunas interesantes como su papel en la coproducción italiana “Las Otoñales” (1964), poniendo punto final a su trayectoria en cine con la astracanada histórica “El Cid cabreador” (1983), protagonizada por el domador de circo Angel Cristo y extrañamente la musa del nuevo cine español Carmen Maura.
 
Al margen de su carrera en cine, Paquita desarrolló una interesante actividad teatral protagonizando alguna obra ambiciosa como “Bodas de sangre”, donde obtuvo formidables críticas o espectáculos pensados para su lucimiento como cantante como “Ella”.
 
Se nos acaba de ir el pasado 10 de Abril con 87 años de edad, pero en el recuerdo siempre quedará su elegancia y delicadeza interpretativa y su rostro perfecto enmarcado en las notas de ese “Romance de la Reina Mercedes” que fue su canción bandera y que nadie interpretó con tanto sentimiento como ella, quizás porque entendía mejor que nadie la historia de aquella soberana, que como ella quedará para siempre en la memoria de un romance popular.

lunes, 10 de julio de 2017

FILMOTECA CLÁSICA... "ROBIN DE LOS BOSQUES" (1938) MICHAEL CURTIZ


Este es sin duda uno de los títulos preferidos por los seguidores del cine de aventuras y uno de los mayores exponentes de “capa y espada”. Contiene todos los ingredientes sobre los que se construyó el género llevados a la perfección técnica y artística, creando una influencia directa sobre el resto de títulos posteriores. Si además añadimos el irresistible encanto de sus protagonistas, el magnífico uso del color, la ambientación y tratamiento de la historia, tenemos un filme redondo que nos traslada a un cuento medieval teñido de mágico romanticismo que lo eleva a leyenda.


La historia del arquero de Sherwood que lucha a favor del Rey Ricardo en contra de su pérfido hermano, el Príncipe Juan, fue uno de los temas favoritos de la pantalla desde los albores del cine mudo. Antes del filme de Curtiz, existía un ilustre precedente,  “Robín de los Bosques” (1922) de Allan Dwan, protagonizado por Douglas Fairbanks el aventurero por antonomasia de la etapa silente. La interpretación del personaje llevada a cabo por Fairbanks era un referente muy querido para el público. Sin embargo la encarnación de Errol Flynn borró de un plumazo su recuerdo. La apostura, dinamismo y frescura interpretativa del actor australiano causó impacto en las pantallas de todo el mundo, su aparición sobre un árbol con calzas verdes, bigote perfilado enmarcando una pícara sonrisa y arco en mano, marcó toda una época de la aventura cinematográfica, haciendo suya la figura del héroe legendario de por vida. Ninguno de los actores que posteriormente se han metido en la piel de Robín de Locksley, se han acercado siquiera al encanto y hechizo que Flynn imprimió al personaje, quizás tan solo el Robín de Kevin Costner a principios de los noventa se acercó a esta visión, aunque desde una perspectiva muy diferente y sin lograr de lejos su impacto.


La Warner Bros abordó el proyecto como una producción de altos vuelos, lo cual se nota en el resultado. Costó cerca de 2 millones de dólares de 1938, siendo la película más cara rodada hasta esa fecha por la productora y una de las más costosas del Hollywood de los años 30. Rodada en luminoso Technicolor un poderoso reclamo para la época, terminó de consolidar a Flynn y Olivia de Havilland como una las parejas ideales de la pantalla. Olivia no solo era una mujer bellísima, sino que además era una fantástica actriz. Olivia infundió fuerza y personalidad a Lady Mariam, más allá de la dulzura y delicadeza propias de este tipo de roles destinados a ser tan solo el dulce reposo del guerrero. 


Juntos no solo formaban una hermosa pareja, además sus personalidades se complementaban con una química que quedaba reflejaba en la pantalla. El estudio consciente de su impacto aprovechó esta circunstancia a lo largo de siete películas que conformaron todo un ciclo inmortal de la aventura cinematográfica. Parece ser que Errol mantuvo una especie de amor romántico por su dama, que esta no correspondió a consecuencia de la vida crápula y disipada de su Robin, en cualquier caso Olivia siempre mantuvo palabras amables y cariñosas hacía Flynn, recordando esa etapa de la Warner como un momento esencial en su incipiente carrera, que alcanzaría cotas muy altas en los siguientes años.


No podemos dejar de nombrar a los “malos” de la función, los magníficos Basil Rathbone y Claude Rains, como el malvado sheriff de Nottingham y el desleal Juan sin Tierra respectivamente. Ambos son el retrato perfecto de la villanía. Rains dota al odioso Príncipe Juan de un perverso sentido del humor que le hace aún más despreciable y lunático. En cuanto a Basil Rathbone, uno de los especialistas en villanos del Hollywood clásico, recordar el inolvidable duelo final a espada con el protagonista, momento inmortal y referente imitado a lo largo de toda la historia del género.


Con todos estos elementos la película se convirtió en un enorme éxito de público, recaudando más de cuatro millones de dólares de la época. Fue nominada en 4 categorías a los premios Oscars de este año triunfando en tres de ellas, las relativas a música original, dirección artística y montaje.


Un título redondo que ha hecho soñar desde su estreno a generaciones enteras de espectadores, sentando un referente en su género y en el del Hollywood clásico, hasta el punto de convertirse en un filme de culto al ser seleccionada en 1995 por la Biblioteca Nacional del Congreso Americano como uno de los filmes a preservar en el National Film Registry junto a “El mago de Oz” o “Ben Hur” entre otros.